Vestido de camiseta, jeans rotos, zapatos con apariencia a “comprados en la bahía” y con un peinado particular que lo hacen único en su especie, camina Tito de aquí para allá esperando una sonrisa y una moneda por parte de sus clientes. Vende ilusiones transformadas en rosas en las calles de la ciudad, con una labia impresionante pues con cada frase y ocurrencia compra los corazones enamorados.
Tito, tiene una cita diaria con sus clientes a las 6 de la tarde en la Av. Víctor Emilio Estrada, justo cuando el semáforo cambia a rojo él se aproxima a los primeros carros que le sonríen y le bajan el vidrio. “‘Amigo, su esposa se merece que complemente su belleza con una rosa’’, ‘’lleve una rosa, para otra rosa’’, frases trilladas pero que venden o será que la gracia que expresa su rostro es la que lleva a los clientes a comprarle? Cómo sea, lo importante es vender lo que más se pueda en 30 segundos. La competencia es ardua porque sus “socios” salen con nuevos productos todos los días mientras Tito se la juega por lo tradicional: rosas rojas, pues él sostiene: “se puede terminar todo en el mundo menos el amor”. Particularmente no estoy de acuerdo, el romanticismo de hoy se basa en mensajes al Black Berry, e-mail, amores cibernéticos que desplazan a los detalles. A pesar de esto nuestro amigo Tito, encuentra la manera de vender y revivir aquellos tiempos donde los hombres conquistaban con su caballerosidad y con sus múltiples formas de demostrar su cariño.
Es poco el tiempo que tiene para convencer a sus compradores quienes muchas veces no le tienden la mano, mientras lo observo corre de carro en carro y logra vender dos flores, se mete los dolaritos en su bolsillo, sonríe y espera otra vez la roja del semáforo; deseando encontrar más enamorados que compren detalles a sus amadas. ¿Qué mujer puede resistirse a una rosa roja? Ninguna, por eso aún existen personas como Tito, quien se cataloga como “vendedor de ilusiones”.







Con toda la inseguridad que hay es muy difícil para estas personas poder vender en las calles. La gente por miedo no les baja el vidrio y evita encontrarlos.
ResponderEliminarMe parece un buen enfoque la perdida de detalles en parejas y como esto afecta al trabajo callejero que se realiza en este país.
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