Es viernes. Diana está ansiosa, bajo una luna llena, con sus Nine West y supoca habilidad para pasar entre los autos hace que espere que cambie elsemáforo a verde.
Su mente quiere pero su cuerpo la detiene.
Es la única que ha quedado en la vereda, “los segundos máslargos de su vida” reniega, insiste en ver su reloj.
Es un hecho, llegará tarde a sus clase de Pole Dance, para sobrellevarel calvario, su cabeza “se distrae” con una chica de aspecto Emo.
Echa un vistazo a los autos pretendiendo que su mirada tengaalgún efecto en ellos, mira el semáforo, mira los autos, mira el semáforo, miralos autos, toma un sorbo de agua para “matar el tiempo”.
Nota que ElManantial está lleno, es su tercera visita en Guayaquil, recibe unallamada, no la contesta, el conteo visual le anuncia el cambio, no puede entretenerse.
Tres… dos… uno, inmediatamente se lanza a la Victor Emilio, sigue consu vida acelerada, el semáforo en rojo termina su breve tortura.







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