Cantando a todo pulmón un himno de Bob Marley, “I wannalove you”, salta a la calle Agustín. Es un argentino de 27 años que lanza unos pinos y hace malabares con ellos, mientras las personas que están en sus vehículos esperan con ansias que terminen los 30 segundos que dura el semáforo en rojo. Sus rostros llenos de aburrimiento opacan la risa de nuestro amigo hippie.
Antes de comenzar el acto,Agustín ensayó muchas veces en la acera demostrando que sus dotes de cirqueroestán muy bien desarrollados. Luego, toma un trago de agua, se hace la señal dela cruz encomendándole al “Flaco” y a trabajar se ha dicho. Sus espectadores no son muy amables que digamos, unos ni levantan la mirada, otros buscan en suscarteras los centavitos que les sobren y otros observan el acto pero no seinmutan en bajar el vidrio y pagar por el espectáculo de Agustín.
En los últimos segundos de tiempo que quedan, el argentino hace la venia agradeciendo por la atención y se apresura a poner el sombrero en la ventana de unos cuantos carros esperando elapoyo económico. El semáforo cambia a verde, los vehículos parten y Agustín seprepara para su siguiente acto… lanzar fuego por la boca.








Esta chévere la nota, a veces los hippies nos demuestran que a la vida tenemos que verla con alegría, humor y optimismo.
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