El anhelo de Carlitos se enciende como el semáforo que está en rojo, pero dura tan poco, como el tiempo en que cambia el semáforo a verde.
Este joven con discapacidad se levanta muy temprano y alista su franela y camina muchas cuadras hacia el norte de la ciudad. Sentado en la vereda se acomoda sus Venus, espera paciente la luz roja, para en pocos segundos empezar a “trabajar”.Se le dificulta hablar y por eso, cree él, se le hace difícil lograr una colaboración por lo que hace. Su rostro refleja una quemadura de primer grado, de esas que no solole han marcado el rostro sino también su destino.
Con su caminar lento, y con la dificultad de mover sus brazos con rapidez, como resultado de su accidente, empieza a limpiar los parabrisas de los carros, comienza con una Chevrolet, le pitan y casi le echan el carro encima, para que no se acerque.
En la Avda. de las Américas, cuando el semáforo està en rojo, Carlitos se para en la ventana del conductor sin decir palabra alguna, los conductores lo ignoran; por eso le toca tirarse a limpiar, ya lo analizó, es la única manera de ganar algo diario.
La suerte no lo acompaña el día de hoy, ha pasado 1 hora y solo ha juntado 50 centavos que alcanzaran para una cola por lo menos.
Así suelen ser los días de éste pequeño de 10 años en las calles de Guayaquil, así son los niños limpiavidrios.
Olga Rendón M.






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