El semáforo se pone en rojo, el
muñequito verde comienza a caminar como a quien no le preocupa el tiempo, pero los
que lo miran de frente, sí. Se escucha el silbato del vigilante para avanzar. Caminan
acelerando los talones para no perder la parada de la Metro. Dos tipos cruzan
la calle con un balde de hielos en la mano, venden agua mientras botan otro
poco por la frente. El sol se pone a cuarenta y nadie les compra, ellos se
bajan.
Gritos, ancianos, pitos, chicos, saltos,
niños, la gordita corre para alcanzar el bus, otra señora se sube atrás de ella
esperando que algún barón le ceda el puesto pero nada pasa, se hacen los locos;
la gordita sigue parada y la señora ya perdió la esperanza de sentarse.
El semáforo cambia a verde y otro que
parece ser loco, sin camisa atina a colgarse del mango de la puerta delantera.
Se sube porque el chofer no lo vio o a lo mejor también se hizo el loco. No sabe leer pero abre la biblia y la mira
sin temblarle la mano. “todos
somos criaturas de Dios no todos somos hijos” dice el hombre sin camisa, tiene
la voz ronca y gastada pero esto parece no incomodarle. Se limita hablar alto y
fuerte; se le marca una vena en la frente mientras dice "la palabra de Dios, la Biblia dice en el versículo..."
Después de un minuto, nos recordó a
todos que somos pecadores y que tenemos la obligación de ser generosos. Luego
pide unas monedas porque dice que es pobre, porque quiere comer al menos un pan
en la noche, porque nosotros sí tenemos trabajo, porque estamos sentados
pagando un pasaje de 0,25 centavos, porque él no lo paga y porque está dentro
del bus acorralándonos a todos: “Porque así me gano la vida damita y caballero”.
Tiene razón el loco, si yo predicara sobre la generosidad también quisiera que
empiecen conmigo, mejor me bajo antes que la próxima loca
que se suba al siguiente bus sea yo.
Por Olga Rendón M.







La primera reaccion que tenemos los ciudadanos comunes es de querer bajar corriendo, de esos vehiculos cuando alguien denominado "loco" (que no es Abdala Bucaram) se sube. Su apariencia incomoda, al punto de pensar que robarán. Si, somos prejuiciosos, pero eso es quiza, porque nos han criado con el: Piensa mal y acertarás.
ResponderEliminarCada loco con su tema como se dice por ahí, cada quien vive en su mundo y más cuando el movimiento de la ciudad es tan acelerado como el de Guayaquil.
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